24 de abril de 2012

Libro de quejas












        Lo cierto es que

        fueron pasando los días.

        Las horas de soledad,

        el cielo, las estaciones,

        los trenes repletos y oxidados.

      La piel de la justicia se marchito.

        Como las uvas del viejo vid

        de mi abuelo.




        Fueron muriendo

        los tranvías

        y las noches de paz.

        Se elevó una voz de protesta

        pero pocos escucharon.

        Y las pancartas

        parecían manchadas

        de sangre y de furia.




        De avenidas cortadas

        ¿volveremos algún día a ser escuchados?

        El pueblo es ignorado

        y es muy grande la vergüenza

        de tener que salir a buscar una atención.

        Pero aun más grande

        es la indignación ante sueldos miserables,

        por las injusticias a flor de piel,

        por un crimen sin resolver

      y por el arma cargada

      que es el hambre.




        Lo cierto es que fueron pasando los días

        sin nada bueno que sobre.

        Nos ahogaron las malas noticias

        y nada grato se salió del molde.
 

        Estas aquí,

        golpeando las puertas de tus derechos,

        pero solo el gas lacrimógeno

        te responde.







SEBASTIÁN DAVID



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